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NECESIDADES CALÓRICAS Ó ENERGÉTICAS |
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Los estudios sobre la calorimetría directa o indirecta han permitido: por un lado, fijar el valor calórico de los distintos principios inmediatos (lo que permite calcular el valor calórico de los principales alimentos, una vez conocida su composición) y por otro, conocer el consumo energético del hombre en condiciones basales (Metabolismo Basa, sus aumentos por el esfuerzo muscular o sus modificaciones según el sexo, edad o ciertas situaciones fisiológicas (embarazo, lactancia). La aplicación práctica de estos conocimientos
se ha de complementar con las llamadas encuestas de alimentación de las
poblaciones. No tiene sentido llegar a conocer lo que come un individuo o
un grupo de población si no lo comparamos con lo que come otro grupo
dotado de mejor salud, o lo que es aún mejor, sí no lo comparamos con unos
patrones o «Standard». Esto determina que se haga necesario el
establecimiento de unas tablas de necesidades alimentarías, a ser posible
de uso internacional, que nos permitieran conocer, ante un caso dado, si
la dieta es o no adecuada a las necesidades. PATRONES, «STANDARDS» O RECOMENDACIONES ALIMENTARIAS Ante todo, es preciso preguntarse qué entendemos hoy por «Standard», patrón o recomendación alimentaría. Los manejados en la actualidad son muy variables: unos expresan la mínima cantidad de un determinado elemento que debe contener la dieta para evitar la aparición de una enfermedad carencia; otros, son cifras óptimas que cubren no sólo ese riesgo, sino que recomiendan un exceso de aporte, muchas veces exagerado; otros, por fin (los más aceptados), son recomendaciones de aquellas cantidades de sustancias nutritivas que, cubriendo las necesidades mínimas, añaden un margen prudencial con el cual se mantiene una buena salud y una buena capacidad de trabajo. También los patrones de necesidades alimentarías expresan unas veces cifras que cubren desde las necesidades del lactante hasta las del hombre adulto que realiza trabajos pesados, lo cual hace que para aplicar estos patrones sea necesario conocer la distribución porcentual de los distintos grupos de población (niños, mujeres embarazadas, mujeres lactantes, hombres adultos, adolescentes, trabajadores pesados, etc.). Otras veces, los patrones no representan sino la media de la población, siendo, por tanto, más inexactos y casi siempre superiores a la realidad. Recientemente se ha suscitado la necesidad imperiosa de definir bien los distintos términos y de que todos los usemos de la misma manera. Su significación es, a veces, muy distinta, por lo que las distintas tablas de recomendaciones incluyen valores diferentes que pueden dar lugar a confusión. Así existen tres expresiones que corresponden a tres conceptos distintos:
Necesidades calóricas Nuestro organismo no es capaz de crear ni de destruir energía, sino simplemente de transformarla, es decir, obedece a la primera ley de la termodinámica, el principio de la «conservación de la energía». El hombre necesita energía para mantener su temperatura corporal constante, para atender al trabajo de ciertos órganos y glándulas que nunca paran (corazón, pulmones, riñones, etc.), para crecer en cierta época de la vida o reponer el desgaste diario de sus tejidos y para realizar un esfuerzo muscular, sea de la intensidad que sea. Todos estos procesos consumen energía, bien en forma de energía térmica (regulación de la temperatura) o mecánica (actividad de órganos internos o muscular) o química (crecimiento y desgaste). Esta energía la obtiene el hombre de la energía química contenida en los alimentos, pudiendo llegar en su eficiencia energética hasta un rendimiento de un 35 por 100, superior al de las máquinas de vapor o al de los motores de explosión. El material combustible lo constituyen, pues, las sustancias nutritivas llamadas principios inmediatos, contenidas en los alimentos, es decir, los hidratos de carbono, las grasas y las proteínas. El valor calórico de cada uno de los tres principios inmediatos es diferente. Cuando nosotros los quemamos directamente en la bomba de un calorímetro, el calor total de combustión liberado por cada uno de ellos es el siguiente:
Sin embargo, cuando estas mismas sustancias
son oxidadas o quemadas en el cuerpo de los seres vivos y, entre ellos, en
el hombre, ocurren dos fenómenos: 1) que las proteínas no son quemadas
totalmente, sino que se elimina por la orina urea, con un valor calórico
de 1,25 kcal/grn.; 2) que la utilización en el aparato digestivo no es
total, perdiéndose parte con las heces, es decir, que sólo se absorbe el
92 por 100 de las proteínas, el 95 por 100 de las grasas y el 97 por 100
de los hidratos de carbono. Haciendo las oportunas correcciones, llegando
a la conclusión de que, a diferencia de las calorías brutas o valores de
combustión de los principios inmediatos, las calorías netas o valor
calórico fisiológico, aprovechable por el hombre, de la energía de los
alimentos, era el siguiente:
La kcal ( kilocaloria) es la cantidad de calor necesaria para elevar la temperatura de un litro de agua de 15º a 16º C. Una vez conocido el valor calórico fisiológico de los alimentos, las medidas de calorimetría directa primero, y después indirecta (metabolimetría), establecieron las necesidades energéticas del hombre en condiciones basales (en reposo y ayuno), es decir, el metabolismo basal. Viene a corresponder a 1.500 1.600 Kcal. en 24 horas y varía con el sexo, la edad, la talla y peso del sujeto y con la temperatura ambiente. A estas necesidades basales se les suele añadir un 10% en concepto de acción termogénica específica (cantidad de energía extra consumida en la utilización de los propios alimentos); después se le van añadiendo el consumo calórico que representa el simple hecho de ponerse en pie, andar, pasear y realizar los diversos ejercicios que llevamos a cabo en el curso del día, hasta llegar a la cifra aproximada de 3.000 calorías para un hombre adulto que realiza un trabajo moderado. Este método es el llamado de la sumación de consumos de energía, o factorial, del que ya hemos hablado. Para establecer en el momento actual cuáles
son las necesidades calóricas de grandes masas de población que sean
aplicables a distintas razas, climas y características somáticas, se ha
recurrido a fijar, con bastante exactitud, las necesidades de un hombre y
una mujer «tipos» y a estudiar las variaciones de estas necesidades en
función de la masa corporal individual, de la edad, sexo y del grado de
actividad física.
2) Actividad Física Existen grandes diferencias, tanto entre los grupos de población como a nivel individual en el grado de actividad física desplegado no sólo durante el trabajo, sino también en las horas de ocio o tiempo libre. No es igual tampoco el grado de actividad física, por ejemplo, en una gran ciudad de un país industrializado o en la población rural de un país en desarrollo. Con todo, las diferencias más importantes en este sentido se refieren al tipo de trabajo. Aunque no se poseen datos suficientes para definir con precisión el gasto calórico correspondiente al sin fin de profesiones de la vida actual. Con fines prácticos, puede clasificarse a una población en cuatro grupos: actividad ligera, moderadamente activa, muy activa y excepcionalmente activa. A continuación exponemos una clasificación aproximada de estas cuatro actividades, según las profesiones, tomada del informe de un Comité Especial Mixto FAO/OMS de expertos sobre necesidades de energía (1973).
El consumo total diario de energía puede, pues, dividirse en tres partes, según el tiempo pasado:
Los cuadros siguientes muestran ejemplos de cómo puede dividirse el
consumo de energía en el hombre y en la mujer durante las 24 horas del
día. CUADROS DE EJEMPLO EJEMPLOS DE LA DISTRIBUCION EN 24 HORAS DEL CONSUMO DE ENERGIA DEL HOMBRE TIPO DE 65 KG. SEGUN LA ACTIVIDAD FISICA
EJEMPLOS DE LA DISTRIBUCION EN 24 HORAS DEL CONSUMO DE ENERGIA DE LA MUJER TIPO DE 55 KG., SEGUN LA ACTIVIDAD FISICA
Dentro de una misma profesión, el consumo total de energía varía considerablemente según la actividad en las horas libres. Por eso, en los cuadros se dan dos cifras que corresponden, más o menos, a un mínimo y a un máximo de consumo de energía en las ocho horas de actividades no profesionales. Esto se traduce en el renglón siguiente de los cuadros, en dos cifras también mínimas y máximas de consumo total de energía en 24 horas. Por último, los dos últimos renglones corresponden al consumo medio de energía en cada una de las actividades, bien por 24 horas, bien por kg. de peso corporal. Estos cuadros ofrecen una pauta de actividades durante una jornada de trabajo. Extrapolados a períodos mayores de tiempo, puede ocurrir, y de hecho ocurre, que en algunos países la jornada de trabajo es de cinco días, en otros de seis y en algunos se trabaja los siete días de la semana durante una parte M año. Conviene, por consiguiente, tener esto en cuenta, así como que la energía consumida en los días no laborables puede ser mayor o menor que la consumida en los días de trabajo. Sin embargo, a no ser que haya motivos que demuestren que la actividad varía entre los días laborables y no laborables, no está probablemente justificado hacer correcciones. Por último, para calcular las necesidades energéticas de un país,
podría considerarse que la actividad media de los adultos corresponde a la
del adulto tipo (hombre o mujer) que figura en los cuadros 131 y 13 2 o
bien incluir a la mitad de la población masculina adulta como
moderadamente activa y la otra mitad como de actividad ligera. 3) El peso corporal Es un factor que no siempre ha sido tenido en cuenta. Entre dos sujetos que transportan una misma carga a la misma distancia, el consumo energético no es el mismo si uno pesa 50 kilogramos y el otro 100 kilogramos. El simple hecho de tener que mover su propia masa hace que el segundo realice un mayor consumo energético. Sin embargo, la relación entre el peso corporal y consumo calórico no es linealmente proporcional, sino que viene dada por la siguiente fórmula: C = k (P), donde C son las necesidades calóricas diarias, P es el peso de] sujeto y k es una constante igual a 152 para los hombres y 123,4 para las mujeres. En 1951, el Comité para el Estudio de las Necesidades Calóricas de la FAO elaboró una fórmula más sencilla y práctica para calcular las desviaciones del «tipo» según el peso del cuerpo. Estas fórmulas son:
Donde E son las necesidades calóricas diarias totales y P el peso del cuerpo en kilogramos. |
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